Aunque nunca he sido fanática de las descripciones detalladas y coincido con Mario Vargas Llosa en que la historia de amor de este libro resulta insustancial y pasada de moda, reconozco que la parte épica, las batallas, los banquetes, las fiestas, las ceremonias, fueron escritas con gran maestría y (además de Tolstoi) no ha habido otros que logren recrear escenas multitudinarias con el genio con que Gustave Flaubert (1821-1880) lo hizo al describir un mundo tan distante y distinto.
Salambó es una novela histórica que muestra el esplendor de Cartago, su corte y sus grandezas, pero también nos muestra con precisión la tortura, la muerte y las atrocidades y miserias de la guerra. Con vigor e intensidad Flaubert da vida a hombres y mujeres mediterráneos que piensan y actúan como lo hacían en el siglo III a. C.: Salambó, sacerdotisa virgen, misteriosa y de excepcional belleza; Amílcar Barca, padre de Salambó y genio militar, única esperanza de Cartago para combatir a los bárbaros pero que a pesar de luchar por la república no comulga con los intereses privados del consejo de ricos y ancianos que la rigen; Matho, capitán del ejército bárbaro (antes mercenarios del ejército cartaginés, que al no haber recibido su paga luchan en contra de la república) quién también libra una encarnizada lucha interna entre el odio y el amor que siente por Salambó; y Spendius un antiguo esclavo griego que movido por la sed de venganza quiere destruir la ciudad.
Tras haber leído cientos de libros de historia de la antigüedad y una visita a las ruinas del escenario de su novela en el norte de África, donde, se dice, que para poder describir mejor el sufrimiento de los soldados muertos por hambre llegó a pasar semanas sin comer, y luego de un arduo trabajo de redacción del texto buscando infatigable “la palabra justa”, Flaubert publicó con gran éxito en 1862 una de las diez mejores novelas históricas jamás escritas.
Salambó no es una reconstrucción fiel de los hechos. Pero es verosímil. La audacia de sus descripciones nos transporta en un delirio de sensualidad, perfumes exóticos, colores antiguos y sabores milenarios. A partir de que el cristianismo puso fin al Mundo Antiguo, fueron quedando atrás los dioses omnipresentes como Moloch, Baal y Tanit, sus sacrificios y rituales paganos. Atrás quedaron las costumbres de los griegos y los romanos. Pero nada de esto se ha olvidado. Aún podemos regresar y vivirlos gracias a la escritura de Gustave Flaubert.
Mariel Turrent Eggleton
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sábado, 5 de marzo de 2011
domingo, 6 de febrero de 2011
LA SANGRE ERGUIDA: un rapidín disfrutable o la reivindicación del sexo.
“Se puede lograr un buen polvo manteniendo la conciencia alerta y los pies en la tierra, como un escritor con oficio puede crear una buena página por encargo, pero los polvos inolvidables, los grandes poemas de la sangre erguida son hallazgos milagrosos del instinto, pasaportes a la gloria que la inspiración o la fe descubren por accidente.”
Enrique Serna La Sangre Erguida
Aunque se le ha calificado como un “rapidín mañanero muy disfrutable”, La Sangre Erguida de Enrique Serna es una reflexión sobre la conexión entre el sexo y el amor; una filosa crítica al poder que se la ha dado al pene y al desempeño sexual en nuestra sociedad.
Con una prosa precisa y un manejo magistral del conflicto, Serna hace avanzar el relato manejando con oficio el arte del suspenso. Instigando la curiosidad del lector y arrancándole una que otra carcajada lo va enganchando en cada capítulo, para justo antes de llegar al clímax, soltarlo y empezar otra historia.
Declarado un autor irreverente al que poco le importan las citas pretenciosas o las referencias cultas se divierte haciendo copular al hablar áspero y crudo de los catalanes con la fuerza expresiva de los argentinos. En esta promiscuidad de lenguajes que le da vida a su narración logra que cada personaje se exprese en su jerga utilizando los regionalismos para enriquecer la novela.
El relato se desarrolla en tres planos narrativos con tres cuarentones que coinciden en diferentes momentos de la novela: Bulmaro Díaz, un mexicano manipulado por una soberbia dominicana y dominado por el apetito voraz de su pene; Juan Luis Kerlow, pornostar argentino que controla sus erecciones con el poder de su mente; y Ferrán Miralles, español donjuanesco e impotente que descubre el Viagra.
“Reflexioné mucho sobre la pornografía no condenándola en nombre de la moralidad sino en nombre del placer, pues el deseo frustrado es un mal que puede tener consecuencias funestas…”
En su obra el autor no intenta contar una historia ligera, sino que propone recuperar el misticismo de la entrega amorosa, para no ser víctima de esta sociedad iberoamericana tan falocéntrica que exacerba deseos que la mayoría de las veces no se pueden satisfacer.
Galardonada con el Premio de Narrativa Antonin Artaud 2010, por su erotismo y sentido del humor La Sangre Erguida se lee rápido y con la sonrisa en la boca pero al final nos queda una experiencia excepcional y una síntesis ejemplar de la obra del autor.
Mariel Turrent Eggleton
Revista Nectar Enero 2011
Enrique Serna La Sangre Erguida
Aunque se le ha calificado como un “rapidín mañanero muy disfrutable”, La Sangre Erguida de Enrique Serna es una reflexión sobre la conexión entre el sexo y el amor; una filosa crítica al poder que se la ha dado al pene y al desempeño sexual en nuestra sociedad.
Con una prosa precisa y un manejo magistral del conflicto, Serna hace avanzar el relato manejando con oficio el arte del suspenso. Instigando la curiosidad del lector y arrancándole una que otra carcajada lo va enganchando en cada capítulo, para justo antes de llegar al clímax, soltarlo y empezar otra historia.
Declarado un autor irreverente al que poco le importan las citas pretenciosas o las referencias cultas se divierte haciendo copular al hablar áspero y crudo de los catalanes con la fuerza expresiva de los argentinos. En esta promiscuidad de lenguajes que le da vida a su narración logra que cada personaje se exprese en su jerga utilizando los regionalismos para enriquecer la novela.
El relato se desarrolla en tres planos narrativos con tres cuarentones que coinciden en diferentes momentos de la novela: Bulmaro Díaz, un mexicano manipulado por una soberbia dominicana y dominado por el apetito voraz de su pene; Juan Luis Kerlow, pornostar argentino que controla sus erecciones con el poder de su mente; y Ferrán Miralles, español donjuanesco e impotente que descubre el Viagra.
“Reflexioné mucho sobre la pornografía no condenándola en nombre de la moralidad sino en nombre del placer, pues el deseo frustrado es un mal que puede tener consecuencias funestas…”
En su obra el autor no intenta contar una historia ligera, sino que propone recuperar el misticismo de la entrega amorosa, para no ser víctima de esta sociedad iberoamericana tan falocéntrica que exacerba deseos que la mayoría de las veces no se pueden satisfacer.
Galardonada con el Premio de Narrativa Antonin Artaud 2010, por su erotismo y sentido del humor La Sangre Erguida se lee rápido y con la sonrisa en la boca pero al final nos queda una experiencia excepcional y una síntesis ejemplar de la obra del autor.
Mariel Turrent Eggleton
Revista Nectar Enero 2011
sábado, 9 de octubre de 2010
Las viudas de los jueves:lujo y miseria de un barrio privado
Las viudas de los jueves, de la argentina Claudia Piñeiro, es una novela de título sugerente y portada atractiva que lo atrapará si es amante del suspense, y lo intrigará aún más si lee la recomendación de José Saramago y Rosa Montero, quienes aclaran que se trata del análisis de un microcosmos social en proceso de decadencia; un retrato psicológico y social del mundo acomodado occidental.
Y en efecto, el libro relata la vida de unas cuantas familias en un barrio privado de lujo. Un fraccionamiento de esos que abundan hoy en día, con muros altos, cercas de alta tensión y una caseta de seguridad que controla de manera estricta la entrada y la salida. Dentro, todo parece perfecto: las familias son tan bellas como las de los anuncios publicitarios y aparentan vivir en abundancia, calma y felicidad. Sin embargo, mediante un caleidoscopio de imágenes y voces, podemos ver la intimidad de cada uno de estos personajes que, víctimas de la crisis, se sienten derrotados y buscan a toda costa una salida.
Este retrato de una clase social sin escrúpulos de la Argentina de 1990 —que sufre la caída después de haberse enriquecido durante el menemismo—, se ha multiplicado en este nuevo siglo. La crisis no es exclusiva de Argentina, sino global. Las megacorporaciones han hecho despidos masivos dejando a miles de hombres y mujeres que ocupaban puestos millonarios en la calle, llenos de gastos y deudas, sin la posibilidad de colocarse en otro empleo que les permita conservar su estatus. Encerrados en sus murallas, no logran ver una solución digna, ni quieren salir de su paraíso. Hombres y mujeres que siempre cerraron los ojos para no ver lo que pasaba fuera de aquellas paredes, enfrentan en su edén la repercusión de un mundo con necesidades no resueltas y derechos no otorgados.
Lo realmente valioso en esta novela de 48 capítulos no es la intriga de las muertes que se mencionan en el primero y no se vuelven a mencionar hasta el 36, sino la exposición de este modelo social que trasciende las fronteras, la representación de una clase deslumbrada por las promesas de la mercadotecnia y el capitalismo, que ha alcanzado la cumbre del egoísmo, un mundo plástico, enmascarado, donde las familias son la suma de individuos solos, donde el valor de las personas depende de la marca de los objetos que usan. Donde a pesar del vacío, la soledad y la insatisfacción, todo se vale con tal de ser parte del espejismo que promete un barrio privado.
“Yo no estoy en contra de que una persona se encierre en un lugar a vivir y levante un muro; pero tiene que saber que eso tiene una consecuencia de la que debe hacerse cargo”, ha dicho Claudia Piñeiro. Y esto es justamente lo que ella logra plasmar, el libro no es una novela de suspense, sino un tratado social que nos recuerda esta responsabilidad que todos tenemos de lo que sucede dentro y fuera de nuestras murallas, dentro y fuera de nuestras familias y de nuestra vida.
Mariel Turrent Eggleton
REVISTA NEM octubre
Y en efecto, el libro relata la vida de unas cuantas familias en un barrio privado de lujo. Un fraccionamiento de esos que abundan hoy en día, con muros altos, cercas de alta tensión y una caseta de seguridad que controla de manera estricta la entrada y la salida. Dentro, todo parece perfecto: las familias son tan bellas como las de los anuncios publicitarios y aparentan vivir en abundancia, calma y felicidad. Sin embargo, mediante un caleidoscopio de imágenes y voces, podemos ver la intimidad de cada uno de estos personajes que, víctimas de la crisis, se sienten derrotados y buscan a toda costa una salida.
Este retrato de una clase social sin escrúpulos de la Argentina de 1990 —que sufre la caída después de haberse enriquecido durante el menemismo—, se ha multiplicado en este nuevo siglo. La crisis no es exclusiva de Argentina, sino global. Las megacorporaciones han hecho despidos masivos dejando a miles de hombres y mujeres que ocupaban puestos millonarios en la calle, llenos de gastos y deudas, sin la posibilidad de colocarse en otro empleo que les permita conservar su estatus. Encerrados en sus murallas, no logran ver una solución digna, ni quieren salir de su paraíso. Hombres y mujeres que siempre cerraron los ojos para no ver lo que pasaba fuera de aquellas paredes, enfrentan en su edén la repercusión de un mundo con necesidades no resueltas y derechos no otorgados.
Lo realmente valioso en esta novela de 48 capítulos no es la intriga de las muertes que se mencionan en el primero y no se vuelven a mencionar hasta el 36, sino la exposición de este modelo social que trasciende las fronteras, la representación de una clase deslumbrada por las promesas de la mercadotecnia y el capitalismo, que ha alcanzado la cumbre del egoísmo, un mundo plástico, enmascarado, donde las familias son la suma de individuos solos, donde el valor de las personas depende de la marca de los objetos que usan. Donde a pesar del vacío, la soledad y la insatisfacción, todo se vale con tal de ser parte del espejismo que promete un barrio privado.
“Yo no estoy en contra de que una persona se encierre en un lugar a vivir y levante un muro; pero tiene que saber que eso tiene una consecuencia de la que debe hacerse cargo”, ha dicho Claudia Piñeiro. Y esto es justamente lo que ella logra plasmar, el libro no es una novela de suspense, sino un tratado social que nos recuerda esta responsabilidad que todos tenemos de lo que sucede dentro y fuera de nuestras murallas, dentro y fuera de nuestras familias y de nuestra vida.
Mariel Turrent Eggleton
REVISTA NEM octubre
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