Las viudas de los jueves, de la argentina Claudia Piñeiro, es una novela de título sugerente y portada atractiva que lo atrapará si es amante del suspense, y lo intrigará aún más si lee la recomendación de José Saramago y Rosa Montero, quienes aclaran que se trata del análisis de un microcosmos social en proceso de decadencia; un retrato psicológico y social del mundo acomodado occidental.
Y en efecto, el libro relata la vida de unas cuantas familias en un barrio privado de lujo. Un fraccionamiento de esos que abundan hoy en día, con muros altos, cercas de alta tensión y una caseta de seguridad que controla de manera estricta la entrada y la salida. Dentro, todo parece perfecto: las familias son tan bellas como las de los anuncios publicitarios y aparentan vivir en abundancia, calma y felicidad. Sin embargo, mediante un caleidoscopio de imágenes y voces, podemos ver la intimidad de cada uno de estos personajes que, víctimas de la crisis, se sienten derrotados y buscan a toda costa una salida.
Este retrato de una clase social sin escrúpulos de la Argentina de 1990 —que sufre la caída después de haberse enriquecido durante el menemismo—, se ha multiplicado en este nuevo siglo. La crisis no es exclusiva de Argentina, sino global. Las megacorporaciones han hecho despidos masivos dejando a miles de hombres y mujeres que ocupaban puestos millonarios en la calle, llenos de gastos y deudas, sin la posibilidad de colocarse en otro empleo que les permita conservar su estatus. Encerrados en sus murallas, no logran ver una solución digna, ni quieren salir de su paraíso. Hombres y mujeres que siempre cerraron los ojos para no ver lo que pasaba fuera de aquellas paredes, enfrentan en su edén la repercusión de un mundo con necesidades no resueltas y derechos no otorgados.
Lo realmente valioso en esta novela de 48 capítulos no es la intriga de las muertes que se mencionan en el primero y no se vuelven a mencionar hasta el 36, sino la exposición de este modelo social que trasciende las fronteras, la representación de una clase deslumbrada por las promesas de la mercadotecnia y el capitalismo, que ha alcanzado la cumbre del egoísmo, un mundo plástico, enmascarado, donde las familias son la suma de individuos solos, donde el valor de las personas depende de la marca de los objetos que usan. Donde a pesar del vacío, la soledad y la insatisfacción, todo se vale con tal de ser parte del espejismo que promete un barrio privado.
“Yo no estoy en contra de que una persona se encierre en un lugar a vivir y levante un muro; pero tiene que saber que eso tiene una consecuencia de la que debe hacerse cargo”, ha dicho Claudia Piñeiro. Y esto es justamente lo que ella logra plasmar, el libro no es una novela de suspense, sino un tratado social que nos recuerda esta responsabilidad que todos tenemos de lo que sucede dentro y fuera de nuestras murallas, dentro y fuera de nuestras familias y de nuestra vida.
Mariel Turrent Eggleton
REVISTA NEM octubre
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sábado, 9 de octubre de 2010
martes, 14 de septiembre de 2010
Dos escritores en la memoria de México
Yo sólo soy memoria
y la memoria que de mí se tenga.
Elena Garro
La literatura de la Revolución Mexicana es nuestra memoria, ese espejo en el que México reverbera. Gracias a esta, nos adentramos en el pasado, observamos el ambiente y las costumbres ; escuchamos hablar a los mexicanos de un siglo atrás y nos sorprende reconocer nuestro propio lenguaje y el significado de expresiones y actitudes que el tiempo no ha borrado.
De esta memoria del México revolucionario, Mariano Azuela y Martin Luis Guzmán son los dos grandes exponentes. Ambos galardonados con el Premio Nacional de Literatura de México, con su pluma han logrando transportar a varias generaciones, a un pasado remoto, adentrándonos en los sentimientos y en la mente de aquellos mexicanos que fuimos, somos y seremos.
El primero se incorpora al movimiento como médico militar, y es gracias a esta experiencia que encuentra material para sus 41 novelas, donde toca cada aspecto de la vida del México de la primera mitad del SXX , mostrando una gran preocupación por la justicia social y la dignidad humana.
El segundo por su parte, narra el cinismo y la intriga de la política. Primero Maderista se involucra con gran fuerza en la actividad cultural y la política revolucionaria. Vive la lucha armada a lado del general Francisco Villa y desde el exilio, reconstruye la violencia de esta guerra civil de forma acertada y conmovedora, no sólo como periodista de combate sino como novelista de fondo histórico.
Para comprender nuestros orígenes, sería imprescindible la lectura de dos obras que ofrecen una visión completa y clara de nuestro pasado: Los de Abajo de Mariano Azuela, un fresco valioso de imágenes que cuentan por una parte la historia de los caudillos bárbaros y la lucha ardiente del pueblo, pero cuyo gran valor está en la denuncia de un movimiento y el testimonio de su desilusión, y La Sombra del Caudillo de Martín Luis Guzmán, censurada hasta 1990 por su crítica tan directa hacia quienes ejercen el poder, un ojo que ve desde la sombra cómo se mueven los hilos de la política mexicana.
Gracias a que ambos escritores vivieron en carne propia la era revolucionaria y lograron plasmar con gran calidad artística dos versiones distintas aunque únicas de este acontecimiento, su invaluable trabajo ha quedado grabado en la memoria de un pueblo como una realidad palpable, no sólo en el campo de la literatura, sino como documento de estudio, por su visión completa, clara y detallada del suceso.
Mariel Turrent Eggleton
REVISTA NEM septiembre
y la memoria que de mí se tenga.
Elena Garro
La literatura de la Revolución Mexicana es nuestra memoria, ese espejo en el que México reverbera. Gracias a esta, nos adentramos en el pasado, observamos el ambiente y las costumbres ; escuchamos hablar a los mexicanos de un siglo atrás y nos sorprende reconocer nuestro propio lenguaje y el significado de expresiones y actitudes que el tiempo no ha borrado.
De esta memoria del México revolucionario, Mariano Azuela y Martin Luis Guzmán son los dos grandes exponentes. Ambos galardonados con el Premio Nacional de Literatura de México, con su pluma han logrando transportar a varias generaciones, a un pasado remoto, adentrándonos en los sentimientos y en la mente de aquellos mexicanos que fuimos, somos y seremos.
El primero se incorpora al movimiento como médico militar, y es gracias a esta experiencia que encuentra material para sus 41 novelas, donde toca cada aspecto de la vida del México de la primera mitad del SXX , mostrando una gran preocupación por la justicia social y la dignidad humana.
El segundo por su parte, narra el cinismo y la intriga de la política. Primero Maderista se involucra con gran fuerza en la actividad cultural y la política revolucionaria. Vive la lucha armada a lado del general Francisco Villa y desde el exilio, reconstruye la violencia de esta guerra civil de forma acertada y conmovedora, no sólo como periodista de combate sino como novelista de fondo histórico.
Para comprender nuestros orígenes, sería imprescindible la lectura de dos obras que ofrecen una visión completa y clara de nuestro pasado: Los de Abajo de Mariano Azuela, un fresco valioso de imágenes que cuentan por una parte la historia de los caudillos bárbaros y la lucha ardiente del pueblo, pero cuyo gran valor está en la denuncia de un movimiento y el testimonio de su desilusión, y La Sombra del Caudillo de Martín Luis Guzmán, censurada hasta 1990 por su crítica tan directa hacia quienes ejercen el poder, un ojo que ve desde la sombra cómo se mueven los hilos de la política mexicana.
Gracias a que ambos escritores vivieron en carne propia la era revolucionaria y lograron plasmar con gran calidad artística dos versiones distintas aunque únicas de este acontecimiento, su invaluable trabajo ha quedado grabado en la memoria de un pueblo como una realidad palpable, no sólo en el campo de la literatura, sino como documento de estudio, por su visión completa, clara y detallada del suceso.
Mariel Turrent Eggleton
REVISTA NEM septiembre
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